“El Real Madrid es el único equipo del mundo que va primero y la gente habla de que está mal”, decía ayer Míchel, el entrenador del Girona, sobre su rival esta noche (21.00 horas, Movistar+) en Montilivi. Habló, claro está, antes de que la victoria del Barça frente al Alavés colocara a los azulgranas al frente de la clasificación liguera, al menos durante las 29 horas que separan ambos partidos. Un matiz que no invalida el análisis del técnico vallecano.
Porque, sí, puede que Míchel tenga razón si uno atiende a los fríos números, a esa azotea de la tabla por la que, qué rápido cambia la vida, pugnaban el Girona y el Real Madrid hace un par de temporadas. Hoy, el cuadro catalán recibe al blanco con las apreturas propias de quien se ve en el descenso. Aunque con la convicción, como el propio Míchel explicó esta semana a EL PERIÓDICO, de que “si el Rayo empata con ellos y el Elche empata con ellos, nosotros podremos”.
Quinto partido seguido fuera de casa
Y es que, en efecto, el Real Madrid viene de dos pinchazos consecutivos en Liga, ambos a domicilio, en un tramo de calendario en el que le ha tocado enlazar seis partidos seguidos fuera de casa: el de esta noche es el quinto y el del miércoles en San Mamés será el último. Y, hasta ahora, esa trayectoria reciente le ha reportado los dos empates mencionados, la derrota en Liverpool y la victoria del miércoles contra el Olympiacos, en la que el ‘Mbappé-sistema’ y su póker anotador maquilló los tres goles encajados ante un modesto de la Champions.
“En la fase defensiva hemos ido creciendo, aunque no estoy muy contento con alguna cosa, sobre todo con los goles encajados en los últimos partidos”, se defendía ayer Xabi Alonso, que para esta noche recupera a Courtois, Militao y Rüdiger para frenar la sangría de la última semana, en la que ha encajado cinco goles en dos partidos a priori asequibles.
Xabi Alonso observa a Mbappé y Vinícius durante el entrenamiento del Real Madrid previo a su partido en Girona. / AFP7 vía Europa Press
Lo táctico preocupa al técnico donostiarra, quien entre lesiones, vaivenes de rendimiento y pruebas fallidas todavía no ha conseguido encontrar un once tipo. “Necesitamos continuidad. Hemos tenido buenas fases de juego, pero nos falta un partido redondo”, analizaba el preparador.
El palco cambia el discurso
Cuenta con la ventaja de la sensación de tregua que se ha instalado en el club en los últimos días. Desde el palco se ha pasado, casi de la noche a la mañana, de trasladar confianza en la plantilla y dudas sobre el técnico a apelar a la unidad. Y el propio Xabi Alonso, que sabe perfectamente cómo funcionan las alturas del Real Madrid, ha estado trabajando durante la semana en templar los ánimos y tender puentes, con encuentros cara a cara con algunos de los jugadores con los que tiene menos ‘feeling’. El abrazo público con Vinícius en Atenas y el capotazo brindado por Valverde en Instagram (“el míster siempre ha estado a mi lado”) dan fe del propósito colectivo de enmienda.
“Siempre he sentido que el equipo estaba muy unido. La conexión es muy buena, estamos juntos en los momentos buenos y los no tan buenos. Tenemos una muy buena comunicación en el día a día. A pesar de lo que suene y de lo que quieran, somos muy sólidos dentro“, reivindicó ayer, en una rueda de prensa en la que aprovechó para contestar a las acusaciones de Laporta de que el Madrid padece “barcelonitis”: “Hay mensajes populistas en todas partes, de cara a su parroquia. Nos centramos en lo nuestro”.
El entrenador del Girona, Míchel, este sábado en rueda de prensa. / David Borrat / EFE
Y lo suyo es buscar esta noche la victoria frente a un rival que necesita los puntos como el comer. “Llegan mucho al área rival y tiene jugadores diferenciales. Hemos de defender muy bien, pero también atacar para hacerles daño”, advertía ayer Míchel, confiado en que “con la pelota hemos hecho buenos partidos y somos capaces de hacer que el rival sufra”.
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