19 enero, 2026

Otra oportunidad

El otro día me fui a desayunar al pasado. Retrocedí más de diez años. Por aquel entonces ejercía la abogacía, y antes de celebrar algún juicio, normalmente de faltas, me iba al Café Español, en la avenida del Aeropuerto. Seducido por la estética del malditismo, me quedaba fuera, fumando en una mesa alta y preguntándome si querría una vida en la que los nervios previos a una vista constituyesen mi rutina; ahora ni siquiera barajo la posibilidad de sentarme en la terraza: me froto las manos de gusto al entrar y notar la subida de la temperatura. Con la edad, quizá se afine eso que llaman instinto de supervivencia.

Lo que no ha cambiado es el local. Hay una máquina de tabaco, una tragaperras, un altarcillo con estampas de cristos, bag in box de vino, molduras palaciegas desconcertantes, mesas de interior y exterior mezcladas, y espejos por todas partes, incluso revistiendo las columnas. No recordaba que las tostadas fuesen gigantes. Quizá porque con veintipocos era roquero y flamenco, y siempre se ha dicho que los flamencos no comen (las taras de entonces tampoco son las de ahora). En cualquier caso, lo cierto es que me impresionó ver un trozo de pan de chapata de ese tamaño. Debe de rondar el récord de la ciudad. Después de echar el aceite, el tomate y el jamón, tuve que partir la tostada en tres. Recomiendo ir con hambre, porque fue un festín. Está claro que a los encargados les preocupa más la esencia del negocio, lo importante, que la foto. Han pasado casi diez años desde que trasladaron los juzgados a la Ciudad de la Justicia, y han aguantado el tipo, así que ahora empieza una nueva etapa: cuatrocientos funcionarios acudirán a diario al nuevo edificio administrativo de la plaza de la Constitución, y seguro que alguno encuentra allí su sitio. Se nota el aire fresco, otro ánimo. Antes de sentarme, saludé a un político y su simpatía fue sincera. Tampoco hay que negarse por sistema al optimismo.

Me sorprendí alegrándome ante la noticia de la inauguración del nuevo edificio administrativo. De niño, vi carreras de barcos teledirigidos en el estanque de enfrente. Años después, bebí cervezas en los jardines de al lado. Y más tarde me vi entrando a los juzgados con un maletín y una toga en el brazo. Supongo que, por todo eso, mi subconsciente lamentaba el abandono del lugar. La rehabilitación del edificio quizá revitalice la zona. Además, se agradece que no se destine a viviendas turísticas; puesto que los trasteros ya se consideran habitables, uno empieza a temer encontrarse un día a un vecino saliendo de una alcantarilla.

*Escritor

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