23 enero, 2026

El miedo se sube al tren tras una semana negra: “Siempre da apuro pensar que puede pasar algo, pero esto es la vida, no?”

Pocos días después de la mayor tragedia de alta velocidad en España, en Atocha se respira cierta inquietud, la del riesgo que no toca, pero golpea. La afluencia es menor debido a la paralización de la ruta con el sur de España, pero el ruido constante sigue estando en el ambiente. Maletas, mochilas, despedidas y recibimientos… la estación sigue siendo un hervidero. 

El goteo de accidentes ferroviarios en un corto periodo de tiempo divide las opiniones entre quienes siguen sintiéndose seguros al viajar en tren y quienes ahora lo hacen con cierto reparo. “Cuando iba a coger el tren hacia Madrid, justo pasó lo de Córdoba y me pensé el no venir, porque soy una persona un poco sensible con esos temas”, explica Mónica mientras espera su tren de vuelta a Barcelona.

Y no es de extrañar, la magnitud de las imágenes que han llenado las pantallas de todo el país en los últimos días ha quedado muy marcada y ha creado en el imaginario colectivo la sensación del accidente imposible, el que se comparte en bucle en el móvil porque de repente te puede pasar a ti.

Sin embargo, para quienes viajan habitualmente parece que calmar la sensación de inseguridad es algo más sencillo: “Con esto que ha ocurrido a lo mejor se siente un poquito más de miedo irracional. Aunque luego sepa que no, pero…”. Así lo siente Montse, que se dirige también a la Ciudad Condal. 

El miedo irracional vs. los datos

El matiz cotidiano de los sucesos trágicos como el accidente de Adamuz o el de Gelida llevan a un impacto más emocional: todo el mundo ha cogido un tren; miles de estudiantes lo utilizan a diario, por trabajo, por ocio… Nos recuerdan que somos vulnerables y que, de un modo u otro, siempre hay algo que nos iguala: la muerte y el miedo. Para María, la situación de hoy en Atocha es algo anómala. A esta reciente nueva sensación de inseguridad se le suma la de ver que su hijo, Juan Ramón, viaja solo por primera vez: “Nos da un poco de miedo. Además, se va a Francia, me da un poco de ‘cosita'”, reconoce.

Al día se hacen demasiados viajes y ahora han saltado tres de no sé cuántos miles que hay a la semana

Él, por el contrario, se encuentra más tranquilo porque “si me empiezo a comer la cabeza, es peor” y afirma que se siente seguro viajando en tren: “Al día se hacen demasiados viajes y ahora han saltado todos estos, sí, pero han saltado tres de no sé cuántos miles que se harán a la semana”. “Siempre da un poquito de apuro pensar que puede pasar algo, pero esto es la vida, ¿no?“, explica.

Porque la sensación de que al final es algo que puede ocurrir, pero que no debería, es la que generan los datos: los accidentes ferroviarios se han reducido significativamente con los años, y así lo demuestra el último informe de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria. Por cada millón de kilómetros de tren en España, se producen 0,27 accidentes ferroviarios significativos. 

Más inseguro es ir en coche“, afirma Pepe, que viaja habitualmente a Málaga y reconoce que, en esta ocasión, sí siente un poco de “respeto”. De hecho, tiene razón: en 2024 murieron 1.785 personas en la carretera. Ese mismo año en accidentes ferroviarios, en comparación, solo se produjeron 19 muertos.

Imégenes de la estación de Atocha, en Madrid / Alba Vigaray

Según el organismo que investiga estos casos, ese año se notificaron un total de 128 sucesos, de los cuales, 91 de ellos accidentes. La mayoría de ellos fueron colisiones de trenes con obstáculos, accidentes en paso a nivel, el que presenta más víctimas, y descarrilamientos sin pérdidas mortales.

La frecuencia con la que ocurren catástrofes en la carretera nos inmuniza frente a ellas, y ese miedo irracional desaparece. Por el contrario, un accidente de tren se percibe de forma diferente porque parece descuadrar con el hecho de que realmente es un medio de alta seguridad y provoca un impacto mucho mayor en los usuarios. 

Sin embargo, parte de las dudas nacen en muchos casos del descontento y la disconformidad con el mantenimiento del sistema ferroviario español. Eduardo, que llega desde Sevilla y viaja hacia Barcelona, considera que “la inversión en estas infraestructuras no ha sido la buena desde hace muchos años” y culpa “a los distintos regímenes políticos que hemos tenido, no de uno en concreto”. 

El suceso ha afectado a otras líneas, que han visto reducida su velocidad de forma temporal tras las quejas de algunos maquinistas, provocando grandes retrasos en líneas como la de Madrid-Barcelona. “Miedo no sé, pero enfado sí. Hemos llegado dos horas tarde“, confiesa un grupo de chicas según se bajaban del tren. Estas incidencias afectan también a varios tramos entre Madrid y Zaragoza, y por el momento está interrumpido el servicio de Alta Velocidad entre Madrid y Andalucía hasta el 2 de febrero.

Retrasos y cancelaciones en Atocha en varias conexiones con Madrid tras el accidente de Adamuz / EPE

Tiempo limitado y fuentes fiables

Con la presencia de las redes sociales en nuestras rutinas, los huecos informativos se rellenan rápido. Esto es lo que ha sucedido durante estos días con la tragedia de Adamuz: han circulado hipótesis no verificadas y bulos que van desde fallos de diseño hasta conspiraciones sobre el estado de la infraestructura.

No se trata de no informarse, sino más bien de cómo, de cuánto y desde qué fuentes

Ese ruido, unido al dolor, puede agravar el temor y deteriorar la confianza en algo sobre lo que antes no dudábamos. Jesús Linares, psicólogo sanitario de emergencias, alerta sobre la sobreexposición traumática indirecta: “Los análisis especulativos mantienen en alerta el cerebro, especialmente la estructura que se encarga del tema emocional, la amígdala cerebral, generando una sensación de amenaza persistente”. Explica que, aunque realmente un individuo no haya vivido directamente el suceso, la exposición continua sobre el accidente produce que no se pueda asimilar y se sienta un peligro inminente de que algo malo va a suceder.

“No se trata de no informarse, sino más bien de cómo, de cuánto y desde dónde”, recuerda Linares la importancia de recurrir a fuentes oficiales y alejarse de la inmediatez de las redes sociales. En repetidas ocasiones se consume contenido que no está contrastado que además tiene una alta carga emocional: viralización de testimonios, imágenes y mensajes muy intensos

Esta tragedia no solo ha dejado 45 víctimas mortales y cientos de vidas destrozadas, sino que afecta directamente a la percepción sobre la seguridad en este transporte. La recuperación de la confianza tomará de tiempo y el psicólogo Jesús Linares recuerda: “Sentir miedo no es una debilidad, esto es una parte de los seres humanos”. Recomienda encarecidamente evitar la sobreinformación y tratar de volver progresivamente a utilizar el transporte. Y en caso de ser necesario, solicitar asistencia psicológica para poco a poco restaurar la confianza en el sistema.

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