25 enero, 2026

Una vecina silenciosa del lago San Roque, cómo vive la lechucita vizcachera?

Quienes caminan por la costanera de Carlos Paz pueden encontrarse, casi sin notarlo, con una de las aves más singulares de la fauna local: la lechucita vizcachera. Lejos de esconderse en los árboles, esta pequeña lechuza elige barandas, postes, césped y bordes abiertos para observar su entorno, incluso a plena luz del día.

A diferencia de otras lechuzas, la vizcachera es diurna y crepuscular. Pasa gran parte del día quieta, con una postura erguida y mirada fija, vigilando el terreno. Al atardecer y durante la noche despliega su actividad de caza. Su dieta es variada: consume insectos grandes, como escarabajos y grillos, además de roedores pequeños, lagartijas y arañas, lo que la convierte en una aliada natural para el equilibrio del ecosistema urbano.

En lugar de construir nidos en altura, esta especie vive y se reproduce en cuevas en el suelo. Muchas veces aprovecha antiguas madrigueras de vizcachas u otros animales, o excava sus propios refugios en zonas de pasto bajo y suelo firme. Por eso se adapta con facilidad a espacios abiertos como parques, márgenes del lago, canchas y áreas verdes cercanas a la ciudad.

Un detalle que suele llamar la atención de quienes la observan es que, en reposo, parece tener una sola pata. En realidad, la lechucita vizcachera tiene ambas patas, pero es habitual que se sostenga sobre una sola y esconda la otra entre las plumas. Este comportamiento es normal y responde al ahorro de energía y a la regulación de la temperatura corporal, especialmente cuando el ave se encuentra tranquila y en vigilancia.

Su presencia en la costanera no es casual. Allí encuentra alimento, visibilidad para detectar presas y un entorno relativamente tranquilo si se la respeta. Aunque suele mostrarse confiada y permanece inmóvil cuando las personas se acercan, no es una mascota ni debe ser molestada. Cuando se siente amenazada, puede emitir chillidos, realizar movimientos bruscos de cabeza o vuelos rasantes para marcar distancia.

La lechucita vizcachera cumple un rol ecológico clave y su convivencia con la ciudad es una muestra de cómo la fauna silvestre puede adaptarse a entornos urbanos. Observarla en silencio, sin invadir su espacio, permite disfrutar de una escena cotidiana que conecta a Carlos Paz con su naturaleza viva.

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