3 marzo, 2026

Esta marca ‘hackeó’ las leyes de automoción de California

Los fabricantes de automóviles nunca han tenido especial simpatía por el riesgo. Tampoco suelen encajar bien que la normativa les marque el camino, ya sea obligándoles a producir más coches eléctricos de los que pueden vender o a incorporar sistemas anticontaminación cada vez más complejos. Especialmente cuando esas exigencias no encajan con sus objetivos industriales o comerciales.

El escándalo del Dieselgate de Volkswagen es uno de los ejemplos más recientes y conocidos de esta situación, pero no ha sido el único caso polémico relacionado con las emisiones. Décadas antes, Ford ya protagonizó un episodio muy llamativo al enfrentarse a las primeras leyes anticontaminación del mundo, aprobadas en el estado de California. Una solución que todavía hoy divide opiniones entre quienes la consideran ingeniosa y quienes la ven como una forma de esquivar el espíritu de la ley.

California cambió la industria del automóvil

En los años 60, California fue pionera al introducir límites a la contaminación generada por los vehículos. En 1966 entró en vigor la primera normativa estatal que regulaba las emisiones de hidrocarburos y monóxido de carbono. Era incluso más estricta que la legislación federal, algo especialmente relevante teniendo en cuenta que California ya representaba el mayor mercado automovilístico de Estados Unidos.

Archivo – Gasolinera de Chevron en California (Estados Unidos). / RALPH LAUER / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO – Archivo

Ningún fabricante quería quedarse fuera, por lo que la mayoría optó por reducir emisiones limitando directamente el rendimiento de sus motores. El resultado fue una notable caída de prestaciones, hasta el punto de que a finales de los años 70 podían encontrarse deportivos con grandes motores V8 ofreciendo potencias sorprendentemente bajas para su tamaño.

Ford, sin embargo, decidió buscar otra solución.

La clave estaba en cómo se medían las emisiones

Antes de modificar sus mecánicas, en Ford analizaron cuidadosamente el reglamento. Cuando se trata de cumplir una norma sin renunciar a ventajas técnicas, entender cada detalle resulta fundamental. La ley establecía un límite basado en los gramos de contaminantes por kilogramo de aire expulsado por el tubo de escape.

En lugar de reducir directamente las emisiones del motor, la marca optó por actuar sobre la medición. Así nació el sistema Thermactor.

El ingenioso sistema Thermactor

Ford mantuvo prácticamente intactos sus motores y añadió una bomba de aire encargada de introducir aire adicional en los colectores de escape. Oficialmente, el objetivo era favorecer la combustión de los residuos que no se habían quemado completamente dentro del motor gracias a las altas temperaturas presentes en esa zona.

Sin embargo, el verdadero efecto estaba en aumentar la cantidad total de aire que salía por el escape. Al hacerlo, la concentración de contaminantes disminuía aunque la cantidad real generada por el motor apenas cambiara.

Ford Escort / Archivo/Autowp.ru

Diluir en lugar de reducir

El funcionamiento puede entenderse fácilmente con un ejemplo cotidiano. Es como preparar un café: la cantidad de café puede ser la misma, pero si se añade más agua el resultado final será menos intenso. Con los gases del escape ocurría algo similar.

Si un motor expulsaba una determinada cantidad de contaminantes mezclados con aire y posteriormente se añadía más aire limpio, la proporción final bajaba automáticamente. La normativa californiana medía precisamente ese ratio, por lo que los vehículos cumplían con los límites establecidos.

La cantidad absoluta de emisiones seguía siendo prácticamente igual, pero legalmente todo estaba en regla.

Legal, aunque polémico

Desde el punto de vista técnico y jurídico, los coches cumplían la normativa. No había manipulación ilegal, sino una interpretación muy literal del reglamento, algo bastante habitual en la historia del automóvil y también en la competición.

El sistema Thermactor continuó utilizándose durante años en numerosos modelos destinados al mercado estadounidense y permaneció presente incluso hasta bien entrada la década de los 90. 

Hoy ya forma parte de la historia, pero sigue siendo uno de los ejemplos más curiosos de cómo la industria ha sabido adaptarse, a veces con mucha creatividad, a las exigencias medioambientales.

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