El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que el principal factor que todavía condiciona la baja del riesgo país es lo que definió como “riesgo kuka”, por el temor del mercado a un eventual regreso al poder del kirchnerismo. “Para mí es cero”, se diferenció.
El jefe del Palacio de Hacienda expuso ante empresarios en la Fundación Mediterránea durante el 49° aniversario de ese centro de estudios. Allí sostuvo que, pese a que el plan económico ordenó las principales variables macro (particularmente inflación y las cuentas públicas), los inversores aún ponen en precio un componente político vinculado a la posibilidad de un regreso del kirchnerismo.
“El mercado sigue priceando un ‘riesgo kuka’ de casi 300 puntos”, aseguró el funcionario. Según explicó, ese factor forma parte de los elementos políticos que influyen sobre la percepción de los inversores y ayudan a entender por qué el riesgo país no descendió más rápido. “Uno no puede pelearse contra eso”, señaló.
Caputo diferenció su propia evaluación de la que, según describió, predomina entre operadores financieros. “Si me dicen que hay ‘riesgo kuka’, para mí es cero, el kirchnerismo va a pasar a ser una fuerza política irrelevante”, afirmó. Sin embargo, indicó que el mercado mantiene otra lectura: “El mercado cree que si ‘estos pibes vuelven, son el demonio’”.
En esa línea, sostuvo que había proyectado un escenario distinto para este momento del programa económico. “Yo hubiese dicho que íbamos a estar en 250 puntos del riesgo país a esta altura”, planteó.
También cuestionó las explicaciones que circulan cuando el indicador no baja pese a la acumulación de reservas y otras variables macroeconómicas. “La mayoría de los colegas en el desconocimiento empiezan a buscar razones, pero ‘no, negro, lo que pasó es que es mucho más difícil de lo que vos creés’”, expresó.
El ministro enumeró tres factores que explican la dinámica del riesgo país: los fundamentos económicos, la posición técnica del mercado y los factores políticos. Señaló que “a la larga siempre prevalecen” los fundamentos, aunque en el corto plazo pesa más la posición técnica, mientras que en la Argentina el componente político tiene un impacto diferencial. Como contraste, mencionó que en otros países de la región los cambios de gobierno no alteran de la misma manera la percepción financiera.
De cara al futuro electoral, sostuvo que “para mí el 2027 no va a ser un año difícil” y afirmó que la popularidad presidencial continuará elevada. Según su visión, con el peronismo separado del kirchnerismo, cualquier candidato opositor “va a perder por 30 o 40 puntos”.
Para mejorar la percepción del mercado, planteó avanzar con “medidas estructurales que mejoren los fundamentos” y trabajar en “financiamientos alternativos más baratos que el mercado”, con el objetivo de fortalecer la posición técnica y abaratar el acceso al crédito.
Luego, el ministro repasó los principales ejes de la política económica. Afirmó que “Argentina va a seguir manteniendo el equilibrio financiero, eso no va a cambiar y es el escudo más importante contra cualquier shock externo”, y remarcó que el orden fiscal constituye la base del programa.
Tipo de cambio: “Nada va a cambiar”
Sobre la marcha del dólar, aseguró que “nada va a cambiar, vamos a seguir con las bandas” y descartó tensiones sobre el tipo de cambio. Sobre las reservas, afirmó que el Gobierno compra divisas “seis o siete veces más” que lo comprometido inicialmente con el Fondo y que lo hace “sin afectar el precio”.
En el plano estructural, defendió las reformas orientadas a aumentar la formalización. Vinculó la ley de inocencia fiscal con la necesidad de canalizar el ahorro hacia el crédito al señalar que “un país no puede crecer sin crédito” y que actualmente gran parte del ahorro permanece fuera del sistema financiero.
También sostuvo que el esquema laboral previo desincentivaba la contratación porque “el costo de despedir es tan incierto y tan alto que no genera ningún incentivo a tomar a nadie”, y defendió los cambios destinados a reducir litigiosidad y costos laborales.
Finalmente, planteó que la competitividad no debe buscarse mediante devaluaciones. “Si fuera por devaluar, seríamos campeones de competitividad”, afirmó, y sostuvo que el camino elegido apunta a bajar impuestos, reducir regulaciones y fomentar la competencia como base del crecimiento económico.
NE
