Desde Santa María de Punilla, los artistas hablaron del cruce entre folklore, teatro y televisión, y de un camino que los llevó mucho más lejos de lo imaginado.
Más allá del marco festivo, la presencia de Ángel Carabajal y Marcelo Iripino en Santa María de Punilla puso el foco en una entrevista donde ambos repasaron el origen y la evolución de un proyecto artístico que rompió moldes. Desde sus comienzos en el interior hasta la consolidación en Villa Carlos Paz, los protagonistas detallaron cómo se animaron a mezclar folklore, danza, teatro y televisión, en una propuesta que terminó ampliando públicos y escenarios.
— Ángel, venís del interior. Cuando empezaste, ¿te imaginabas llegar a este nivel de reconocimiento y éxito en Villa Carlos Paz?
— No, la verdad que no. Cuando uno empieza, sobre todo viniendo de un pueblo como Unquillo, piensa en crecer de a poco, en llegar a algunos lugares. Primero vinieron los viajes a Europa, después a Estados Unidos, después conocer artistas del sur, estos monstruos como les digo yo. Que nos dieran la posibilidad, con su llegada mediática, de que conocieran un producto bien argentino. Ahí empezamos a soñar juntos, pero nunca imaginé que terminaríamos siendo una de las principales propuestas teatrales de Carlos Paz.
— Ese camino también lo hiciste junto a Marcelo Iripino. ¿Te imaginabas esa sociedad artística?
— No, tampoco. Marcelo tenía muchos años de historia en la televisión, con Susana, con mucha pantalla, pero no había salido tanto al interior. Eso hizo que nos uniéramos rápido y empezáramos a soñar algo juntos. El resultado terminó siendo mucho más grande de lo que imaginábamos.
— Marcelo, su espectáculo suele verse en teatros. ¿Qué significa llevarlo a una fiesta popular como la Chayera?
— El año pasado tuve la posibilidad de venir y me invitaron a cantar un pedacito de Zamba para olvidarte. Ahí me di cuenta de que había una buena aceptación y pensé que estaba bueno venir ahora con Bien Argentino. Tiene folklore y después aparezco yo, que soy como el yuyo del espectáculo. Me parece que la gente lo va a aceptar muy bien, porque toca nuestra Argentina en un lugar maravilloso.
— Hoy el formato es distinto al del teatro. ¿Cómo se adaptan a la fiesta chayera?
— Hoy venimos en un formato chayero. Todo lo que usamos, los bombos, los tambores, las mesas, tiene arena. Hoy salimos hechos un engrudo de acá. Hemos producido el show por la gran cantidad de artistas que hay, pero venimos con algo más al hueso, más directo.
— Para quienes no los vieron en temporada, ¿cómo describirían sus espectáculos?
— Un cacho de mi vida es un poco de mi historia y un poco de la vida de la gente. Son cosas que nos pasan a todos. A partir de eso empieza la música, el baile, y el espectáculo toma una dimensión donde la gente termina bailando. El mensaje es alegría y posibilidad. Es un show en el que pusimos todo el corazón.
— ¿Qué otras propuestas están presentando este verano?
— Marcelo está haciendo temporada con Un cacho de mi vida, y también está Mestiza, que es otro espectáculo que producimos, con una impronta flamenca muy fuerte. Son dos propuestas distintas, pero con la misma búsqueda artística.
— Ángel, vos hablaste de romper prejuicios. ¿Cómo fue llevar folklore a ámbitos televisivos y teatrales?
— Al principio fue muy criticado. Parecía que el folklore no podía convivir con la farándula, que ciertos artistas no podían bailar una zamba o un chamamé. Cuando lo llevamos a escenarios masivos, la sorpresa fue que no fue el público folclórico el primero en aceptarlo. Después entendieron que la pantalla también podía servir para que más gente conociera nuestro folklore.
— ¿Sentís que ese cruce amplió el público?
— Totalmente. Hace más de diez años que estamos juntos con este proyecto y nos permitió recorrer toda la Argentina y parte del mundo. Gente que no estaba ligada a nuestras danzas empezó a interpretarlas y a sentirlas propias.
