La violencia machista en el hogar produce un fuerte impacto sobre los hijos, que desarrollan sentimientos de miedo, rabia y frustración, afectando a su rendimiento escolar y social. Por eso, resulta fundamental ofrecerles la oportunidad de explicar lo que les sucede en un entorno seguro, como el colegio. La investigadora de la Universitat de Girona Carme Montserrat ha liderado unos estudios de la mano del Observatorio Social de la Fundación La Caixa para establecer un modelo de detección precoz en las escuelas, teniendo en cuenta la voz de los alumnos.
¿Hasta qué punto los hijos son conscientes de las situaciones de violencia que se producen en casa?
Según hemos observado, todos acaban siendo conscientes. Cuando son muy pequeños, y la familia es su único modelo, pueden pensar que eso es normal. Sin embargo, cuando van creciendo y conocen otras realidades, empiezan a darse cuenta de que no lo es. El 60% de los jóvenes afectados por la violencia machista en casa dicen haberla recibido directamente, y el 40% han sido testigos. No es posible vivir en una casa donde hay violencia machista y no saberlo. El problema es que muchas veces no saben exactamente qué contar ni a quién.
¿De qué manera podrían ayudarles en el colegio?
Al preguntarles, una de las cosas que piden es que la escuela pueda ser un espacio seguro para explicar su situación. Porque una vez que ellos toman conciencia de que necesitan ayuda, el gran obstáculo es que no saben a quién pedírsela. Por lo tanto, la escuela es su mejor opción, porque es donde pasan más horas. Sin embargo, muchos niños piensan que los maestros no sabrán qué hacer con lo que les expliquen o que mirarán hacia otro lado.
¿Cómo cambiar esa percepción?
Hace falta mucha formación a los profesores y dotarles de las herramientas necesarias. Y, sobre todo, hacen falta docentes que escuchen con paciencia y empatía, sin sacar conclusiones precipitadas. Muchos jóvenes nos han explicado que el simple hecho de disponer de un espacio donde poder contarlo ya fue muy importante: pueden desahogarse, confiar en alguien y empezar a poner en palabras lo que están viviendo.
La escuela, sin embargo, no puede afrontar ella sola un caso de violencia machista en el hogar.
Para poder ayudar a los alumnos de verdad, la escuela necesitará el apoyo externo de los servicios sociales, los servicios de atención a la mujer, los juzgados… Desde el 2021, todas las escuelas deben tener una figura de coordinación, convivencia y bienestar, conocidos como COCOBE. Se trata de docentes formados para esto, con horas destinadas a esa tarea, y que es quien, en teoría, debe activar los protocolos.
Si existe el protocolo, ¿qué falla?
Cuando hablas con los centros, te dicen que han vivido casos en los que, pese a comunicar la situación, no se ha conseguido una respuesta eficaz por parte de los servicios sociales… A su vez, si hablas con estos, te dirán que el ámbito que falla es el judicial: las notificaciones no llegan, las medidas de alejamiento no funcionan… El engranaje es muy complejo y queda mucho camino por recorrer para que funcione.
¿Qué pueden hacer los profesores hasta entonces?
Aunque la escuela pública tiene un problema de ratios, si existiera la formación y la sensibilidad adecuada se podrían hacer muchas cosas. Detectar síntomas que puedan indicar que el alumno puede tener un problema en casa; buscar espacios para tener una conversación tranquila. Los niños que han vivido una situación de violencia suelen ser más pesimistas y desconfiados, pero explican que contar con alguien de confianza que les escuche ya es un primer paso para salir del pozo.
Un futuro de oportunidades
EL PERIÓDICO y Fundación La Caixa dan voz a los perfiles sociales, culturales y científicos que con su esfuerzo están creando una sociedad con más oportunidades para todos.
