Álvaro Carmona, el doctor en medicina molecular que hace divulgación en redes tras el pseudónimo @sdesiensia, estaba en el palacio Colonna de Roma cuando vio algo extraño en un cuadro de Ridolfo di Ghirlandaio, ‘La noche’. Una de las mujeres representadas en la obra tenía algo raro en un pecho. Una deformación visible, acompañada de una sutil retracción en un pezón. “La imagen no era simplemente un error del pintor, ni una idealización torpe. Era una señal, nítida y desgarradora, de una enfermedad que yo conocía muy bien desde la medicina moderna: el cáncer de mama”, escribe Carmona. Cuando ese descubrimiento se sumó a otros pechos ‘sospechosos’ en otros cuadros –una de las tres ‘gracias’ de Rubens, ‘La Fornarina’ de Rafael Sanzio- nació el libro ‘Le seré sincero, no pinta bien’ (Crítica), cuyo hilo conductor son los problemas médicos que se ocultan en obras de arte en ocasiones muy conocidas.
Carmona no se quedó en el cáncer de mama. Con una edición muy cuidada, que reproduce 41 obras de autores que van desde Rembrandt o Velázquez hasta Monet y Frida Kahlo, el libro muestra cómo patologías como las enfermedades congénitas de los Austria, los trastornos del crecimiento o de la salud mental o el hirsutismo, entre otros, se han representado a lo largo de la historia del arte. “Empecé a tirar del hilo después de notar eso en ‘La noche’ y en el cuadro de Rubens, y eso lo convertí después en un corpus investigativo. Lo que se había escrito hasta ahora al respecto está en muchos casos desfasado, o bien son artículos inconexos entre sí”, explica el autor.
Álvaro Carmona, autor de ‘Le seré sincero, no pinta bien’. / Crítica
Después de preguntarse qué patologías podían esconder las obras que veía, Carmona, devorador de museos “desde siempre”, ha cambiado su mirada sobre el arte. “Todo empezó con el cáncer de mama. Yo estaba relacionado con otro grupo de investigación que se dedicaba al cáncer de mama, mientras que yo me centraba en el cáncer de endometrio y ovario. Pero había una relación. Y poco a poco empiezas a entrenar el ojo, y empiezas a fijarte en esa articulación, o esa flexión del hombro, o esa rojez en la mejilla…”, afirma.
Cronistas de una época
La idea que subyace tras ‘Le seré sincero, no pinta bien’ es que como parte integrante de la época en la que se produce, el arte recoge las inquietudes de esa época, también las médicas. ¿Es la enfermedad un patrón artístico comparable a otros? “No sé si definirlo como patrón, pero sí es algo identificativo. Al fin y al cabo, la función principal de los artistas no es más que ser cronistas de su época. Y los artistas, incluso hoy en día, siempre han representado sensibilidades o preocupaciones de sus momentos históricos. En este caso, la enfermedad no deja de ser otro elemento que introduce una sensibilidad”, dice Carmona.
O, como en el caso de las “mujeres barbudas” representadas en el libro, a veces el arte representa la fascinación que sucede a la “falta de conocimiento” médico que permita explicar algunos fenómenos poco habituales. En ese sentido, el autor acompaña cada lámina con un detallado análisis médico del fenómeno que representa. Pero Carmona también reflexiona acerca de los cambios que las circunstancias médicas de cada momento producen en el arte. Por ejemplo: hay un capítulo dedicado a las enfermedades infecciosas, representado por el cuadro ‘El triunfo de la muerte’ de Piter Brueghel el Viejo, que aborda el miedo colectivo que se desata con las epidemias.
Las huellas de una pandemia
“Obviamente una pandemia global deja huella. Viendo ese cuadro de Brueghel el Viejo yo nos veo a nosotros en 2020, al inicio de la pandemia de coronavirus, con ese caos absoluto, esa incomprensión. En ese momento [siglo XVI] ni siquiera se había acuñado el término ‘microbio’: eran miasmas, eran malos humores que llegaban por el aire y te pillaban. Y claro, eso también cambió la percepción de lo que es la vida: los vitalistas decían que hay que disfrutar porque la vida son dos días, otros reaccionaron de otras maneras. Y con la pandemia aquí también hubo personas que se convirtieron en policías de ventana, que criticaban a los que salían a la calle. No hemos cambiado tanto”, sostiene Carmona.
No es la única parte del libro de la que pueden extraerse lecciones en la actualidad. En varios capítulos el doctor aborda las pseudociencias. “La medicina, a lo largo de la historia, ha estado plagada de remedios extravagantes, prácticas cuestionables y una buena dosis de superstición disfrazada de ciencia. Desde cirujanos con más labia que conocimiento hasta pacientes dispuestos a someterse a tratamientos que hoy nos parecerían auténticas torturas, la búsqueda de la salud ha sido, en muchos casos, un acto de fe más que una cuestión científica”, asegura. Y en eso también ve similitudes con algunas situaciones que se producen hoy en día.
El libro habla, por ejemplo, de cómo en el siglo XVI se creía en la existencia de una “piedra de la locura” que, alojada en el cerebro, causaba problemas de salud mental como la epilepsia u otras enfermedades. “Como sabían que en el riñón pueden aparecer cálculos, pensaban que en el cerebro también podían aparecer. Un discurso así, con explicaciones fáciles también puede calar en la sociedad actual. Si trasladamos esa credulidad al año 2026, vemos a mucha gente actuar de manera similar cuando, en las redes sociales, y bajo una falacia de autoridad o de número de seguidores, aconsejan tomarse tal o cual suplemento, o hacer ayuno, o algún tipo de ejercicio”, advierte Carmona.
Suscríbete para seguir leyendo
