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17 julio, 2024

El consejo clave de un especialista para manejar el estrés: «Las emociones pueden generar adicción»

Carlos Jaramillo atiende a Clarín en medio de una mudanza. Está rodeado de cajas en su casa de California, la que dejará al día siguiente para mudarse a otra en el mismo barrio. Se dice que mudarse es una de las situaciones más estresantes en la vida de una persona, por eso el tema de la entrevista, y la forma en que el médico colombiano la responde, es, al menos curiosa.

Con los auriculares de cascos puestos, Jaramillo se mueve entre las cajas. O se sienta frente a la pantalla del Zoom y mira un punto en el horizonte, pensando en lo que va a contestar. Relajado, todo el tiempo.

Especialista en medicina funcional, acaba de lanzar su tercer libro, Anti-Estrés (Editorial Planeta), en el que plantea su estrategia para atacar el mal de época. Se puede resumir en la bajada del título: “Paro, respiro, observo y reinicio”.

“No, a mí no me estresa. Me ocupo”, responde a la pregunta de si no está estresado por mudarse. Y repite esa frase conocida de que “si hay algo que no puedo controlar, no me preocupo porque no está bajo mi control y si está bajo mi control, tampoco me preocupo”.

Jaramillo (40), nació en Colombia. Es médico cirujano, hizo prácticas en el hospital de la Escuela de Medicina de Yale y realizó un postgrado en bioquímica y fisiología en la Universidad de Harvard. Hace 14 años, una meningitis casi lo mata. Pasó 40 días internado y salió convencido de que la medicina que él había abrazado hasta entonces no tenía todas las respuestas.

Hoy es una celebridad: su primer libro, «El milagro metabólico», estuvo tres años en la lista de más vendidos de Colombia. Y es una estrella en las redes: en Instagram lo siguen casi dos millones de personas y su canal de YouTube tiene 4,5 millones de suscriptores.

En su tercer libro (también escribió Co-Mo, enfocado en nutrición), Jaramillo le dedica 175 páginas a explicar biológicamente qué pasa en nuestro cuerpo con el estrés y asegura que una emoción puede generar tal impacto que «puede traer un adicción». En otras tantas páginas, propondrá sus soluciones. Pero él mismo aclara: “El que te quiere vender una fórmula contra el estrés, es un charlatán de feria”.

El médico colombiano Carlos Jaramillo. Foto Gentileza Editorial PlanetaEl médico colombiano Carlos Jaramillo. Foto Gentileza Editorial Planeta–¿Cómo definirías el estrés en una frase?

–Te voy a dar la menos científica, pero la que me parece mejor. Es como el amortiguador de los carros. Es algo que está ahí y, cuando le aplicas un peso encima, trata de volver esa presión que le estás aplicando. Está hecho para soportar un nivel, pero si le pones más peso del que le puedes poner, ya sea de manera aguda o crónica, llega un punto en que se daña y no responde bien.

–¿Hoy vivimos más estresados que antes?

–No tengo forma de saberlo, es tan subjetivo… Hace 30 años no había Internet y el estrés se generaba a través de los noticieros, de no saber de las elecciones mientras hacían el conteo manual… Hoy todo es rápido, antes llamabas por teléfono, no te respondían y no pasaba nada. Hoy hay un exceso de acceso.

–¿Las redes sociales nos estresan?

–Si soy un consumidor y me quiero estresar, es lo mismo que la señora que iba a misa dos veces al día o iba al club a oír los chismes de las amigas. Quien comparte contenido, que son millones de personas, está mucho más expuesto al estrés porque cualquiera puede entrar y criticar con lo peor. Yo he cruzado ese infierno muchas veces, y hay días que son más fáciles y otros más difíciles.

–Pero los estresores externos son más.

–Sí. El helado que comían nuestros abuelos era un helado de una gelateria hecho con fresa natural, crema y yema de huevo y se dañaba si en tres días no lo consumían.

–De todo este combo que tenemos hoy, ¿la mala alimentación es el que más impacta?

–Es tan relativo… conozco gente que come impecable pero son obsesivos y no salen de su casa y lo viven con angustia, y otros que viven relajados de la vida y no se dan cuenta de que están estresando a su cuerpo con la alimentación. Las dos puertas de entrada más grandes que tienen los seres humanos, que son la boca y la mente, son las más estresables.

–En el libro hablás de la adicción a las emociones. ¿Podés explicar un poco más sobre esto?

–¿Has visto Intensamente 2? Es una obra maestra. Los seres humanos tenemos emociones básicas primitivas, las de la primera película, a partir de las que se construyen las secundarias. Te da ansiedad lo que no podés controlar y lo que no podés controlar te da miedo. Cuando uno tiene una emoción básica con un evento, entre más fuerte fue el suceso, más fuerte la emoción se ancla en tu memoria. Esa combinación genera un sentimiento. Los sentimientos son mucho más elaborados porque traen una construcción social. Eso va formando mi personalidad en el inconsciente y va formando el ego, que es lo que nos aleja de la inocencia.

Los seres humanos tenemos una parte de nuestra personalidad que viene de nuestros padres, pero otra la vamos formando nosotros y va cambiando a lo largo de la vida. Pero nos aferramos a la creencia del “yo soy así, es mi personalidad”. Y si algo nos encanta, y nos volvemos adictos, es a sufrir. En el colectivo religioso, aquí venimos a sufrir por una promesa de un gozo absoluto. Tenemos que sufrir para conseguir un amor, en el trabajo se sufre para conseguir la riqueza. En Colombia le preguntás a alguien “¿Cómo te va?” y te responde “Llevándola, tu sabés”. “Pero yo te veo bien”, «Sí, estoy bien, pero tu sabes, la economía, acá sufriendo». O estamos preocupados por lo que está pasando en Ucrania. Una cosa es que sientas compasión, pero otra es sufrir.

–A un ludópata, por ejemplo, se le puede prohibir entrar a una sala de juego. ¿Cómo se desintoxica de la adicción al sufrimiento?

–Hay un chiste muy malo que dice “Encontré a mi esposa con otro en el sofá de la sala. Solución: vendo el sofá». Cuando soy adicto al juego, el problema no es el juego. Yo desarrollé una personalidad adictiva. Lo que hay que cambiar es la personalidad. En todos los momentos de su vida uno debería estar dispuesto a renunciar a su personalidad si no está cómodo con lo que está siendo.

En Alcohólicos Anónimos nunca van a hablar del problema del alcohol porque el problema no está en la sustancia, sino en la creencia que los llevó a eso. “Yo iba manejando, no me di cuenta, eché reversa y atropellé a mi perro, cada vez que pienso en mi perro me voy a beber. Dejo de ir al bar porque tengo consecuencias graves a partir de la culpa”. Como nadie te enseñó a gestionar tus creencias, vas por la vida… Si tienes 40 años y culpas a todo el mundo porque tu papá te pegó cuando tenías cinco años, es una decisión tuya porque no eres capaz de aceptar que tú estás tomando malas decisiones.

–¿Cómo hiciste vos ese cambio para dejar la culpa?

–Ufff… era hiper mega católico… ¿Viste «Silence», la película de Scorsese? Explica de otra manera lo que a mí me pasó. Fui a Japón y con el budismo conocí otro camino, de filosofía, de autogestión y autoconocimiento, no de culpa ni de sufrimiento. Me ocupo de mí y me gestiono.

–En tu libro decís que no hay una fórmula para el estrés, pero sí enumerás una serie de consejos. Si tuvieras que elegir uno, ¿cuál sería?

–El único camino que existe para salir del estrés, de la angustia, de la tristeza prolongada, la recomendación número uno es poner orden en tu vida. A las empresas se les hacen auditorías: a la vida también. Pide que revisen tu alimentación, hazte exámenes de sangre, ve si la tiroides no funciona bien, si no estás durmiendo, si llenas de tóxicos tu cuerpo va a interactuar mal. Una dosis baja de esto, de esto y de lo otro, es un cocktail fenomenal.

Como un rockstar. Jaramillo tiene casi dos millones de seguidores en Instagram. Foto Gentileza Editorial PlanetaComo un rockstar. Jaramillo tiene casi dos millones de seguidores en Instagram. Foto Gentileza Editorial PlanetaEn su libro, Jaramillo enumera siete pilares del bienestar que, afirma, hay que sostener justamente para poner ese orden. Son la alimentación, el ejercicio, la meditación, el sueño, las relaciones, los hábitos y decirle adiós a los tóxicos (sean sustancias o personas). Pero para él, lo primero, lo más importante, es ver “cómo yo me relaciono internamente conmigo y desde mi interior hacia mi exterior».

“Si tengo un problema con el alcohol es mi problema. Puedo tener un problema con mi interpretación del tráfico. O puedo tener el peor jefe del mundo y también es mi problema. Todo lo que no soy capaz de aceptar, sólo me muestra una limitación mental mía. Nos encanta llenarnos de limitaciones mentales. Nos encanta llenarnos de reglas porque no somos capaces de manejar la relación con mis creencias”, afirma.

Sostiene que aceptar que «el estrés es tuyo», que tiene que ver con la forma en que nosotros nos relacionamos con el mundo (por qué, por ejemplo, nos enganchamos con el maltrato del jefe) es el primer paso para gestionarlo.

–¿Y vos cómo lo lograste?

–No es fácil. Es un camino, un proceso de vida, no es “uno, dos, tres, me desestré”, ese es el mundo de las cosas talla única que te quieren vender. Cuando empecé este proceso personal, traté de evangelizar a las personas que antes sufrían de que no hay necesidad, podemos hacernos dueños de nosotros. Con muchas tenemos un buen recuerdo de la amistad que tuvimos con años, pero las creencias de ellas siguen siendo las mismas y las mías han cambiado. Todavía estoy en este camino, de ir renunciando a mi personalidad.

AS

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