La villa de Gernika (Vizcaya) ha amanecido con una expectación inusitada. La llegada de Frank-Walter Steinmeier, el presidente de Alemania, acompañado por Felipe VI y el lehendakari, Imanol Pradales, ha culminado un gesto largamente esperado: la petición formal de perdón por el bombardeo de 1937, ejecutado por la Legión Cóndor. Hitler la mandó para respaldar a los sublevados, que dieron el golpe de Estado contra la República un año antes. Steinmeier ha situado a su país frente a uno de los capítulos más oscuros de su pasado, en una jornada que ha combinado memoria, diplomacia y reparación. Y con el Rey y el principal representante de los ciudadanos vascos como testigos.
Pradales ha recibido al mandatario y a la primera dama, Elke Büdenbender, en Ajuria Enea antes de desplazarse al cementerio de Zallo, donde se ha producido el encuentro con el Rey y se ha vivido el acto central del día. Allí, rodeados de representantes institucionales vascos y del Gobierno español, se ha guardado un minuto de silencio, han sonado las campañas y se han depositado flores con la bandera de Alemania ante el mausoleo. Es la primera vez que un mandatario alemán lo hace, hace unos años lo había hecho el embajador en España. Tampoco había estado en Gernika Felipe ni como Príncipe ni como Rey. Sus padres, Juan Carlos I y Sofía, fueron al municipio en 1981 y 1991.
Lo vivido en Gernika el 26 de abril de 1937 fue una masacre, un ataque masivo de tres horas y media con 40 toneladas de bombas explosivas e incendiarias sobre una población desprotegida. Quedaron destrozados el 85% de los edificios. El objetivo no era estratégico, era sembrar el terror, algo que los nazis hicieron en otros ataques durante la segunda guerra mundial. Lo vivido fue retratado por Picasso en el ‘Guernica’, que este jueves el matrimonio Steinmeier visitó en el Museo Reina Sofía de Madrid.
La escena más cargada de emoción esta mañana se ha producido después, en el Museo de la Paz, con las conversaciones del presidente alemán con las supervivientes Crucita Etxabe y María del Carmen Aguirre, nonagenarias que relataron cómo vivieron el ataque cuando eran niñas.
Debate político
Este paso dado por Alemania, en el marco de una visita de Estado que ha acabado en Euskadi tras dos días en Madrid, ha reabierto el debate sobre si el Gobierno de España oficialmente debe pedir perdón por el bombardeo de 1937, reclamación que ya ha realizado en varias ocasiones el PNV. EH Bildu ya anunció estos días atrás que no iba a asistir a los actos por “la hiriente” presencia del rey Felipe VI, al que reclama también que pida perdón a las víctimas. De hecho, Aitor Esteban, presidente del PNV, también considera que el Monarca debe dar ese paso porque esa institución es heredera del régimen de Franco.
El paso de Herzog de 1997
El gesto del presidente Steinmeier se inscribe en una tradición alemana de reconocimiento explícito de su responsabilidad histórica. No es la primera vez que un jefe de Estado germano se dirige a las víctimas de Gernika. En 1997, Roman Herzog (presidente de Alemania entre 1994 y 1999) envió una carta que fue leída en ese mismo cementerio, en la que admitía la implicación de los aviones alemanes y solicitaba reconciliación. Aquella disculpa llegó a distancia y a través de su embajador; la de hoy se ha producido de manera directa, con el presidente en persona y acompañado por el Rey. La diferencia de escala y solemnidad da cuenta del significado político del acto.
Steinmeier ya pidió perdón también en 2019 a Polonia por la “tiranía” y la “barbarie” nazi. En ese país cayeron las primeras bombas alemanas tras el inicio de la segunda guerra mundial. Lo mismo hizo cuando visitó Creta, por los crímenes cometidos por el Tercer Reich en Grecia durante el conflicto bélico.
Agradecimiento del Gobierno
En paralelo, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha expresado a Steinmeier su reconocimiento por una iniciativa que considera simbólicamente poderosa, especialmente en un momento europeo marcado por el auge de los extremismos. El Gobierno español ha subrayado que también está reforzando sus políticas de memoria en el marco del 50º aniversario de la muerte de Franco. En público y en privado, ambos jefes de Estado han señalado la necesidad de proteger los valores democráticos y la cultura del recuerdo como antídoto frente a los revisionismos.
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