‘Pasapalabra’ es uno de los formatos más consolidados de la televisión española y su prueba final, el Rosco, concentra cada día la tensión del bote. Este martes, el programa ‘La Ventana’, de Cadena SER, reunió a Borja Pérez, coordinador de guion del concurso, y a Roberto Angulo, miembro del equipo, para explicar cómo se construyen esas 25 preguntas decisivas que pueden hacer millonario a uno de sus concursantes.
Según detalló Pérez, todo empieza con un guionista ante una hoja en blanco. A partir de ahí, el objetivo es claro: que ambos concursantes tengan exactamente las mismas opciones: “Lo más importante que tenemos nosotros es que estén muy equilibrados entre los dos concursantes, sea la dificultad que sea, pero que los dos roscos estén equilibrados, que tengan las mismas posibilidades”.
Ese equilibrio no es sencillo, ya que la percepción de dificultad es subjetiva: “Para mí algo puede ser más fácil que para vosotros, por el tema que os toque o que dominéis”. Por eso, tras la primera redacción, Pérez revisa y ajusta. Después, el Rosco pasa por una segunda supervisión, la de la lingüista Lucía Sesma, que realiza una revisión completa y propone modificaciones.
Las preguntas finales, especialmente cuando hay un bote millonario en juego, son las más delicadas: “Se quedan las preguntas últimas como las más destacadas”, señaló Pérez, consciente de que suelen ser las que marcan la diferencia. “Solo los grandes concursantes de ‘Pasapalabra’ son los que aciertan esas preguntas difíciles”, añadió, defendiendo que esa exigencia también forma parte del atractivo del formato.
En cuanto a las fuentes, el equipo trabaja principalmente con el diccionario de la Real Academia Española y el de María Moliner, además de enciclopedias especializadas en cine, arquitectura o deporte cuando buscan cuestiones más específicas. Un proceso minucioso que explica por qué el Rosco sigue siendo, cada tarde, uno de los momentos más esperados por millones de espectadores.
