El médico, filósofo y teólogo judío Maimónides (Córdoba, 1138-Fustat, Egipto, 1204) escribió un manual práctico con remedios de urgencia para que los aplicara el propio paciente, un Tratado sobre venenos y antídotos, ahora traducido por vez primera al español y cuya lectura supone “una reflexión sobre la fragilidad humana”.
“Testimonio singular”
Con el sello de El Desvelo Ediciones, este breve tratado que apenas alcanza medio centenar de páginas es a la vez “un testimonio singular de la ciencia médica medieval” y “una visión del mundo donde la preservación de la vida humana es un acto de piedad y de razón”, ha señalado el traductor de la obra y profesor Darío Fernández Ruiz.
Rostro de Maimónides. / Rafa Alcaide / Efe
El traductor ha insistido en que no se trata de un manual de toxicología en sentido moderno ni tampoco de una compilación erudita sino que trata de ofrecer un “auxilio inmediato”, o sea una relación de “remedios simples y fáciles de preparar y de memorizar sin la ayuda del médico”, o sea una especie de guía para el hombre común, debida a la observación y la prudencia.
Fernández Ruiz ha puesto un ejemplo: “Estos remedios están escritos pensando en los cairotas -en su exilio de El Cairo la escribió Maimónides, tras abandonar la Córdoba de los almohades-, y una de las amenazas más comunes era la mordedura de un perro rabioso, para lo cual aconseja ir rápidamente al río, coger un cangrejo, asarlo y mezclar las cenizas del caparazón con agua, vino o aceite caliente y aplicarlo a la herida”.
El Tratado, según su traductor, contiene intuiciones, remedios pintorescos y “fogonazos que permiten al lector viajar en el tiempo”, como cuando describe un método empleado por las mujeres para envenenar a sus maridos haciéndoles ingerir su propia sangre menstrual.
Un toque de racionalidad y mucha humildad
Remedios como ese se basan en creencias, supersticiones o tradiciones a las que Maimónides “aporta un toque de racionalidad”, una de las virtudes del sabio judío junto a la humildad, con la que siempre encabeza sus consejos, entre ellos el de estudiar la historia de la medicina.
Un turista fotografía la escultura de Maimónides. / Rafa Alcaide / Efe
Muchos de estos remedios no se sostienen a la luz del progreso científico, no obstante varios de los prescritos por Maimónides se tuvieron por validos hasta el siglo XVI, o sea más de cuatrocientos años, y en el caso de los cálculos biliares hallados en los intestinos de los mamíferos todavía se emplearon como antídoto hasta finales del siglo XIX y principios del XX.
Consejos del sabio cordobés, quien combina “precisión empírica y claridad pedagógica” según su traductor, son útiles todavía hoy: las picaduras deben atarse, incidirse y succionarse, el aire debe ser limpio, la dieta moderada, deben evitarse excesos y descuidos, además de que advierte de que muchas intoxicaciones se deben al uso imprudente de medicamentos o alimentos.
Fernández Ruiz también señala que la estructura del Tratado revela “un orden moral además de clínico” porque si la primera parte se centra en picaduras y mordeduras venenosas, la segunda se dedica a venenos ingeridos, voluntaria o accidentalmente, diferenciando que si en el primer caso el veneno “proviene del entorno”, en el segundo se debe “al propio acto humano, sea negligencia o intento de suicidio”.
Aunque heredero de la medicina griega, que Maimónides conocía, el Tratado, que menciona hasta 95 especies vegetales, circuló muy pronto más allá del ámbito islámico y alcanzó cierto prestigio en la Europa bajomedieval, traducido al hebreo en dos ocasiones y también en versiones latinas.
Fernández Ruiz ha traducido el Tratado del inglés -lengua a la que se vertió por primera vez en 1926- si bien la edición que ha empleado para esta primera española, para la cual se ha asesorado por un médico, constaba también de tres versiones en hebreo y otras tantas en latín.
