Detectada una incursión de aeronaves no identificadas en Andalucía. Han penetrado en el espacio aéreo español sobrevolando la provincia de Cádiz. Se activa una triple red de defensa aérea: salen a su encuentro cazas F-18 desde la base madrileña de Torrejón, guiados por escuadrones de vigilancia de la base de Morón; se activan baterías de misiles y cañones antiaéreos en un eje de 80 kilómetros entre Rota y Vejer de la Frontera; una compañía de la X Bandera de la Legión se despliega para proteger las baterías de ataques por tierra; y, en aguas del Atlántico gaditano, una fragata F-100 arranca su sistema de combate AEGIS para detectar y derribar multitud de objetivos en el aire.
Todo esto, con su correspondiente hormigueo de trámites y órdenes entre mandos y unidades, como señales entre neuronas, se ha de hacer con extrema rapidez y con una coreografía muy precisa. Poner a prueba la coordinación de estos tres componentes de defensa es el objetivo del ejercicio Eagle Eye, en el que periódicamente despliegan fuerzas del Ejército del Aire y del Espacio, el Ejército de Tierra y la Armada. Lidera el ensayo el Mando Operativo Aéreo (MOA) y coordina el despliegue el Mando de Operaciones (MOPS) de las Fuerzas Armadas.
Este lunes se ha activado el primer Eagle Eye de 2026, comprometiendo a cerca de 2.000 efectivos. El Ejército del Aire y del Espacio es el que más mueve, con 1.500 militares. La Armada pone en zafarrancho a 150 marinos de la fragata F-104 Méndez Núñez. Tierra, por su parte, ha sacado sus sistemas de misiles Mistral, Hawk, y Patriot -dicho en orden de potencia-, además de cañones Skydor y una unidad de combate contra drones.
Deprisa, deprisa
La velocidad es la clave de la respuesta a un ataque aéreo, la más sorpresiva de las amenazas contra la seguridad de un país. De ahí que, en el ejercicio, 60 pilotos del Ala 12 , la que tiene base en Torrejón, son puestos por el Mando Operativo Aéreo en estado de QRA. Esas siglas son como una luz de alarma: Quick Reaction Alert.
Las siglas QRA están asociadas a una cifra: el número 15. En menos de 15 minutos, los cazas han de estar en el aire armados para identificar y, si es preciso, destruir a los aviones que han violado el espacio aéreo.
Un caza F 18 español sobrevolando Madrid, visto desde la cabina de otro F 18. / Ejército del Aire y del Espacio
Sus pilotos no vuelan solo con los datos de sus sensores. En la alerta rápida participan los escuadrones de vigilancia aérea, llamados EVA en la sopa militar de siglas. En este simulacro de ataque a España aportan datos de seguimiento de los supuestos intrusos los EVA 3 (con base en la localidad sevillana de Constantina), EVA 9 (Motril, Granada) y EVA 11, en Alcalá de los Gazules, Cádiz). Es un arco de oteo de más de 500 kilómetros en el sur de Andalucía.
Esos datos de los escuadrones de vigilancia se integran también en la información que recibe la pata terrestre de la defensa antiaérea.
Por tierra
La reacción en el aire no es la primera barrera, o no la única que sucede a la QRA. Las baterías de misiles antiaéreos se activan a la vez, y ahí entran en juego las baterías del Ejército de Tierra. Hay tres estratos desplegados por las Fuerzas Armadas desde este lunes y hasta el 12 de febrero en función de su alcance.
Los misiles Mistral, que puede disparar una sola pareja de soldados del Regimiento de Artillería Antiaérea 71, el que flanquea con sus tapias la entrada al distrito madrileño de Fuencarral, son fácilmente transportables. Además, su guía de tiro a base de rayos infrarrojos deja muy escasa señal de sus preparativos, por lo que es difícilmente localizable por los aviones del adversario… pero solo alcanzan objetivos a un máximo de ocho kilómetros.
Los misiles Hawk del Regimiento de Artillería Antiaérea 74, con base en El Copero (Sevilla), tienen porte mayor, siguen siendo transportables, si bien precisan un remolque especial para su lanzador, que carga tres cohetes. Alcanzan hasta 40 kilómetros con plena efectividad.
Los misiles Patriot que el Ejército mantiene defendiendo la bahía y el arsenal naval de Cartagena (Murcia), operados por el Regimiento de Artillería Antiaérea 73, cazan a otros cohetes a entre 70 y 120 kilómetros de distancia. Uno de los lanzadores ha sido enviado al eje Rota-Vejer.
Desde el mar
La Fragata Méndez Núñez lleva en su cubierta 48 celdas para lanzamiento de cohetes. A bordo, entre otras armas, los misiles Standard 2MR. Se trata de un arma que aborta cualquier aproximación en un radio de 100 millas náuticas. Y actúa en combinación con un potente radar de barrido electrónico pasivo, el SPY, que puede señalar 90 blancos a la vez y controlar la trayectoria de más de 900 aeronaves en plena crisis.
Esa combinación, y el procesamiento del torrente de datos que proporciona el sistema AEGIS, levanta una muralla invisible en el mar, desde la superficie del agua hasta un techo de entre 20.000 y 24.000 metros, con ojos puestos a hasta 500 kilómetros de distancia, más allá del horizonte.
La intervención de inteligencia proporcionada por satélites y patrullas del Mando del Ciberespacio son parte del área más discreta de la maniobra. La base naval de Rota y la base áerea de Torrejón de Ardoz son los centros de mando de este ensayo. El Estado Mayor de la Defensa comprueba con él el engrase y la potencia que tiene lo que los militares llaman SDA, el sistema español de defensa aérea. Según ha explicado en una nota este lunes ese estado mayor, la prueba se realiza para “mejorar la eficiencia en el desarrollo de las operaciones de presencia, vigilancia y disuasión en todos los espacios de soberanía e interés nacional”.
La suma de capacidades de distintos ejércitos es el centro de toda esta activación. Cada vez que se pone en marcha un ejercicio Eagle Eye se elige un área variada del país. Esta vez ha sido Andalucía con preparativos que comenzaron mucho antes de los desastrosos aguaceros que sufre esa comunidad. Cómo de probable es hoy que un ataque aéreo contra España entrara por el sur es algo que se resiste a comentar un oficial del Ejército de Aire y del Espacio que ha asistido a los preparativos bajo la lluvia. “Aquí están los medios que forman el escudo aéreo español -dice-, y es una maquinaria que no hay que poner en marcha si llega el momento, porque está con el motor en marcha continuamente”.
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