La ciudad resguarda joyas arquitectónicas que conviven a diario con el movimiento urbano y, sin embargo, suelen pasar inadvertidas. Una de ellas es la Cripta Jesuítica, un espacio subterráneo cargado de historia que, desde su descubrimiento, se transformó en un museo de sitio donde la arquitectura y el pasado colonial son los grandes protagonistas.
Entre muros soterrados, bóvedas antiguas y pasillos que remiten a distintos momentos de la historia de Córdoba, el recorrido permite reconstruir capítulos clave del período jesuítico y de la evolución urbana de la ciudad. El acceso se encuentra sobre avenida Colón al 100, esquina Rivera Indarte, en un punto de alta circulación que contrasta con el clima silencioso y casi místico del interior.
El espacio puede visitarse de lunes a viernes, de 9:00 a 17:30, con entrada libre y gratuita. Las visitas son autoguiadas, aunque en ocasiones especiales se realizan recorridos guiados y se desarrollan exposiciones culturales temporarias.
Actualmente, la Cripta alberga la muestra “Íconos iluminados”, una propuesta que invita a dejarse atravesar por la luz, la historia y el arte. La exposición plantea un diálogo entre el patrimonio arquitectónico del lugar y dos grandes tradiciones del arte sacro: los iconos bizantinos y los vitraux góticos. El recorrido propone una experiencia visual y simbólica que combina técnica, emoción y espiritualidad, y estará disponible hasta el 30 de enero.
Más allá de su valor artístico, la muestra ofrece un espacio de pausa y contemplación. La interacción de la luz con los materiales y el entorno subterráneo genera una atmósfera singular, que invita a experimentar la fe desde una sensibilidad contemporánea.
Un hallazgo arqueológico bajo la ciudad
El predio donde se construyó la Cripta formó parte del Noviciado Jesuítico, fundado en 1608. Inicialmente, los jóvenes novicios se alojaban en la Manzana Jesuítica, pero ante la falta de espacio, se propuso la construcción de una casa destinada a menores de 16 años.
En 1700, los hermanos Mujica donaron su propiedad para ese fin. Allí funcionó el noviciado hasta 1713 y, posteriormente, la casa de ejercicios de los jesuitas. Tras la expulsión de la orden de las colonias españolas en 1767, el edificio quedó abandonado y luego fue utilizado como hospital por los padres Betlemitas. Durante la primera mitad del siglo XIX, el inmueble fue vendido de manera fraccionada.
En 1926, la estructura fue enterrada y, dos años después, durante el ensanche de la avenida Colón, las bóvedas comenzaron a aflorar en la superficie. En ese momento fueron demolidas y cubiertas con escombros.
La Cripta fue redescubierta recién en 1989, cuando trabajadores que realizaban zanjeos para el tendido subterráneo de cables telefónicos encontraron nuevamente las antiguas estructuras. A partir de ese hallazgo, se impulsó un proceso de puesta en valor, con fuerte énfasis en la recuperación arqueológica y arquitectónica del espacio.
