9 enero, 2026

La tundra ártica, que nunca había ardido en 3.000 años, es devorada por las llamas desde hace pocas décadas

Cada vez son más frecuentes las noticias sobre devastadores incendios forestales en lugares que, por sus características, no deberían sufrir este tipo de desastres. La tundra ártica, en Alaska pero también en Rusia, está viviendo una oleada de incendios que no tiene precedentes en 3.000 años, según acaba de confirmar un equipo de científicos que ha publicado los resultados de su investigación en la revista Biogeosciencies.

La realidad es inquietante, pues los incendios de las últimas décadas constituyen un fenómeno que apenas existió en los últimos tres milenios de historia. Ahora, en cambio, se están volviendo habituales. La razón es obvia: el calentamiento global está resecando incluso las áreas más húmedas de planeta.

Todo se aceleró en 1950, según los resultados de las muestas obtenidas del suelo / Agencias

La tundra del Ártico está formada por suelos helados y vegetación que no es especialmente inflamable, con lo que no se dan precisamente los requisitos para grandes incendios forestales. Sin embargo, incluso las especies vegetales están cambiando, porque si antes eran omnipresentes las plantas herbáceas, ahora están propagándose los arbustos leñosos, como es el caso de Betula nana o Andromeda polifolia, que no hacen sino comportarse como combustible idóneo cuando suben las temperaturas. Además, los terrenos de turberas y pantanos están secándose y convirtiéndose en campo abonado para las llamas.

Extrayendo muestras de suelo

El equipo internacional de científicos que ha comprobado lo excepcional de la actual situación se valió de un sistema basado en perforar el suelo ártico en varios puntos del norte de Alaska. De este modo, extrajeron muestras de turba de medio metro de profundidad, lo que equivale a obtener un archivo natural del clima y el paisaje, pues esas muestras conservan los datos de lo ocurrido durante mucho tiempo en el suelo y la atmósfera.

Es así como los investigadores, usando dataciones por radiocarbono y plomo, reconstruyeron la historia de los incendios ocurridos en esta zona desde el año 1000 aC hasta 2015, que fue el año en que realizaron la última extracción de muestras de turba.

Incendio forestal avanzando por los bosques boreales / Agencias

Los resultados fueron sorprendentes y realmente preocupantes: a lo largo de casi 3.000 años, apenas se vieron indicios de incendios forestales en la zona. Aunque entre los siglos XI y XIII se observa un leve aumento de los fuegos, seguramente a causa de un episodio de sequía, todo regresaría después a la normalidad durante 700 años más. Pero a partir del siglo XX, la situación cambia de forma radical. En 1950, el nivel de incendios forestales ya había alcanzado cotas jamás vistas en los últimos tres milenios y, desde aquel momento, la tendencia no hace sino aumentar.

Es decir, todo coincide con el despegue de la industrialización del planeta, las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera y el correspondiente calentamiento global, que aún no se ha detenido.

Los vastos bosques boreales, que atrapaban ingentes cantidades de CO2, se están convirtiendo ahora en todo lo contrario: emisores de carbono

Eso provocó que el permafrost (suelo helado permanentemente) se vaya fundiendo por primera vez, que la capa freática vaya haciéndose más profunda y que los arbustos leñosos campen a sus anchas donde nunca estuvieron presentes. Es, en definitiva, la receta perfecta para grandes fuegos forestales.

La situación es tan grave que los vastos bosques boreales, antes considerados sumideros de carbono, puesto que atrapaban ingentes cantidades de CO2, limpiando así la atmósfera, se están convirtiendo ahora en todo lo contrario: emisores de carbono, debido precisamente a estos grandes incendios. Especialmente, los fuegos producidos en turberas liberan enormes cantidades de carbono que permanecía almacenado durante milenios, hecho que no hará sino agravar aún más el calentamiento global.

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