Cumplido un mes de la guerra en Irán, se multiplican las incertidumbres. La prórroga hasta el 6 de abril de las negociaciones para que callen las armas no despeja el horizonte, sino que contribuye a alimentar las dudas sobre un próximo final del conflicto. Por más que el presidente Donald Trump cantase el martes victoria, lo cierto es que el régimen de los ayatolás, lejos de haberse hundido, resiste la arremetida, es capaz de sobreponerse a su descabezamiento y tiene en sus manos la llave de paso del estrecho de Ormuz, que es tanto como decir de los precios de la energía. Urge al presidente por razones de índole interna (las elecciones de noviembre de mitad de mandato) dar pronto con la fórmula para detener las hostilidades, pero insiste Israel en que el único desenlace aceptable de la guerra es la destrucción del régimen, una divergencia fundamental con la estrategia que guía los pasos de la Casa Blanca.
Menos del 40% de la opinión pública de Estados Unidos apoya la guerra, el encarecimiento de la energía daña los bolsillos, el precio de los fertilizantes se ha encarecido el 50% y la OCDE predice que la inflación alcance el 4,2% a final de año. Esos datos alarman a muchos candidatos republicanos, que temen una fuga de votos del electorado conservador más moderado y una subida de la participación en el campo demócrata. De todo ello es fácil deducir la urgencia de dar con la tecla para detener la guerra, pero el envío de unidades de tierra al golfo Pérsico y la amenaza de Irán de incrementar los ataques contra sus vecinos árabes si Estados Unidos daña su infraestructura energética contribuye al pesimismo.
Se encuentra la administración de Trump ante el hecho irreversible de que Israel ha abierto la puerta a las facciones más radicales del régimen iraní al matar a la mayoría de los jerarcas del régimen con cierta predisposición a negociar. Un error de cálculo elemental que complica en grado sumo la intermediación de Pakistán, el hallazgo de la fórmula para acabar con el bloqueo de Ormuz y relajar los precios del petróleo y del gas. Son las únicas maneras de relajar las previsiones progresivamente pesimistas del crecimiento de la inflación y la contracción de la economía mundial, con grave perjuicio para los consumidores y elevado coste para las arcas públicas, como sucede en España, obligados los gobiernos a introducir factores de corrección que, en cualquier caso, no pueden contrarrestar por completo y por tiempo indefinido el encarecimiento del coste de la vida.
Contra la suposición inicial de que los bombardeos masivos y la destrucción de la armada dejarían a Irán sin capacidad de respuesta, la realidad es que dos tercios de su arsenal de misiles y drones sigue a disposición de la dirigencia, 13 bases de Estados Unidos en la región han sido dañadas y los países del Golfo han sufrido un inesperado castigo. Toda la región se ha sumergido en un prolongado sufrimiento con una gran capacidad de desestabilización a escala global y la incógnita de no saber hasta dónde están dispuestos a llegar Donald Trump y Binyamin Netanyahu. Con el añadido de dilucidar qué coste tendrá la guerra en la relación de Estados Unidos con sus aliados, tan reacios a atender a la Casa Blanca en una guerra que consideran un grandioso error desde el primer día.
