Fue el segundo 2 de abril en tiempos distópicos, bajo el gobierno «libertario». Y el presidente batió su propio récord, reconociendo el derecho de autodeterminación de los pueblos a un grupo de usurpadores británicos. Esto es tomado por distintos grupos de ex combatientes de Malvinas para pedir juicio político a Javier Milei, acusándolo directamente de traidor a la Patria.
En el acto del pasado miércoles, el presidente incurrió no solo en errores garrafales, errores conceptuales muy profundos, sino también en una actitud que bien podría ser catalogada como de cipayo, aquel concepto que surgió en la India del siglo 19, y que se refiere a las personas de un país que se ponen a disposición de los extranjeros invasores y opresores de ese país.
Analicemos los párrafos más escandalosos del discurso oficial del presidente argentino. En una parte, dijo: «Nadie puede tomar en serio el reclamo de una Nación cuya dirigencia es conocida en el mundo por su corrupción e incompetencia y por llevar a la Argentina a los brazos de la escoria del mundo». Esta frase es terrible, humillante para la Argentina. De atrás para adelante, el presidente dice sin pelos en la lengua que nosotros somos «la escoria del mundo». Ni más, ni menos. En la primera parte de la frase, Milei muestra una confusión profunda, ya que un derecho no depende de quién lo reclame. Incluso si compartiéramos la idea de que la dirigencia argentina (de la cual él es parte, aunque no le guste) sea «conocida en el mundo por su corrupción e incompetencia», eso no impediría que nuestros gobernantes reclamaran por Malvinas. Es más, no solo pueden, sino que están obligados por la Constitución Nacional. Esto puede ser aplicado a cualquier caso. Decir que una supuesta falta priva a alguien de derechos es como pensar que si una persona delinque no tiene derecho a defensa o si una chica usa minifalda no tiene derecho a ser respetada. Una barbaridad por donde se la mire, desde el sentido común y desde el derecho.
En otro momento, Milei lanzó, sin ponerse colorado: «Este es el primer gobierno en mucho tiempo que entiende que un país soberano debe ser, en primer lugar, un país próspero». Si lo escucharan San Martín o Belgrano… Hay que tener muy poca dignidad para decir una cosa del género. En realidad, es justamente al revés: para ser un país próspero, hace falta en primer lugar, ser un país soberano. Imagínense si a lo largo de la historia, el criterio de Milei se hubiera impuesto, jamás un pobre se podría haber levantado dignamente contra un poderoso. Nunca los argelinos hubieran enfrentado a Francia, ni los vietnamitas a Estados Unidos. Y, en cuanto a nuestra propia historia, jamás Juan Manuel de Rosas hubiera hecho frente a las dos potencias más importantes del momento en la Vuelta de Obligado. En 1845, si el gobernante hubiera sido Milei, de acuerdo a sus propios dichos, él hubiera rendido pleitesía a los agresores. O en las Invasiones Inglesas, lo mismo.
Pero lo peor llegó cuando dijo con todas las letras: «Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros. Por eso buscamos hacer de Argentina una potencia tal que ellos prefieran ser argentinos y que ni siquiera haga falta la disuasión o el convencimiento para lograrlo». Esta frase, lisa y llanamente, destruye una tradición que TODOS los gobiernos han mantenido, la posición argentina desde siempre, y es que el reclamo de soberanía es inclaudicable, que las negociaciones deben ser bilaterales con el Reino Unido y que, NUNCA se debe dar lugar a los kelpers, porque no son una parte del conflicto. En otras palabras, NO corresponde, en este caso el «derecho de autodeterminación de los pueblos», porque no se trata de un pueblo del lugar sino un pueblo transplantado. En 1833, los ingleses invadieron las Islas Malvinas, expulsaron a la población que había y trajeron británicos, los ancestros de quienes viven hoy allí. Es más, no solo esa ha sido la posición argentina desde siempre, sino también la de la ONU, que desde 1965 exige al Reino Unido sentarse a negociar la soberanía con la Argentina.
Juicio político
Varias agrupaciones de ex combatientes pidieron un juicio político a Javier Milei por traición a la Patria. El Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata hizo una presentación en ese sentido ante la Cámara de Diputados de la Nación. Allí, dicen, entre otras cosas, que «no se trata aquí de juzgar intenciones ni de especular con motivaciones ideológicas: el acto concreto de permitir, avalar o silenciar prácticas violatorias del interés soberano constituye, de por sí, una hipótesis de ilicitud penal, en tanto se aparta del deber funcional de ejecutar la Constitución y las leyes vigentes».
Por su parte, el Grupo por Soberanía Línea Fundadora (#GPS-LF), también emitió un comunicado en el que dice: «Fuimos a la embajada británica dejarle en claro a la embajadora y al colonialismo británico, que nuestro pueblo argentino NO acepta las concesiones que les hizo Milei, incurriendo en incumplimiento de los deberes de funcionario público». Y agrega el comunicado: «¡No se apela a la autodeterminación de los colonos británicos Milei!, esa es la mentira que usan los británicos para seguir saqueando el Atlántico Sur».