La violeta africana es una favorita tanto de jardineros aficionados como de expertos. Aunque no es una planta difícil, sí requiere atención en aspectos puntuales como la ubicación, el riego y el uso correcto de fertilizantes. Un pequeño error en estos factores puede afectar directamente su floración.
Luz: el equilibrio perfecto
Uno de los errores más frecuentes es colocarla en un sitio inadecuado. La violeta africana necesita luz brillante e indirecta: no tolera ni el sol directo ni los ambientes oscuros.
Cuando recibe poca luz, sus hojas se alargan en busca de iluminación y la floración se debilita. En cambio, la exposición directa al sol —especialmente en horas intensas— puede provocar quemaduras en las hojas.
Los especialistas recomiendan ubicarla cerca de una ventana orientada al este, donde reciba el sol suave de la mañana. Para mayor protección, una cortina translúcida ayuda a filtrar los rayos más fuertes.
Además, la oscuridad cumple un rol fundamental: para activar la floración, la planta necesita al menos ocho horas de oscuridad total por noche. Aunque la luz estimula la producción de florígeno —la hormona responsable de la floración—, el proceso se activa únicamente en ausencia de luz.
Riego: ni de más ni de menos
El riego es otro punto clave. El sustrato debe mantenerse ligeramente húmedo, sin encharcarse ni secarse por completo. Una buena referencia es que la tierra tenga la consistencia de una esponja bien escurrida.
El exceso de agua puede causar pudrición de raíces, una de las principales razones por las que la violeta africana deja de florecer. Antes de regar, conviene tocar la tierra: si aún está húmeda, es mejor esperar.
Por el contrario, la falta de agua también es perjudicial. Cuando la planta se deshidrata, prioriza su supervivencia y suspende la floración. En cuanto el sustrato se note seco en profundidad, es momento de regar.
Fertilización: menos es más
El fertilizante puede ser un gran aliado, pero solo si se usa correctamente. El exceso favorece el crecimiento del follaje, pero reduce la producción de flores.
Lo ideal es utilizar un fertilizante equilibrado, con nitrógeno, fósforo y potasio, nutrientes esenciales para hojas sanas, raíces fuertes y una floración sostenida.
Desde la Sociedad Americana de Violetas Africanas recomiendan evitar productos que contengan urea como fuente de nitrógeno, ya que puede quemar las raíces. Leer la etiqueta antes de aplicar cualquier fertilizante es fundamental.
Trasplante y maceta
Se aconseja trasplantar la violeta africana una vez al año, para renovar el sustrato y asegurar un buen drenaje. En cuanto a la maceta, no debe ser grande: esta planta florece mejor cuando sus raíces están contenidas.
La regla general indica que el diámetro de la maceta no debe superar un tercio del tamaño total de la planta. Un recipiente demasiado amplio estimula el crecimiento de raíces, pero retrasa la floración.
